sábado, 14 de marzo de 2015

Pautas para una buena planificación


1.     Definir objetivos.
a.    Primarios  competitivos.
b.    Secundarios competitivos.
c.     Parciales.
d.    Físicos: La mejora de determinadas capacidades, aunque no sean las determinantes en nuestra prueba, nos pueda aportar grandes beneficios.
e.    Técnicos: El gesto técnico correcto no sólo es el más eficiente, si no el más seguro. Respetando siempre las particularidades de cada atleta, es bueno trabajar la técnica hacia un gesto modélico. De esta manera no solo se gana en rendimiento, si no que disminuimos el riesgo de lesión.
f.      Tácticos.
g.     Psicológicos: Muchos atletas con talento tienen en este aspecto su Talón de Aquiles. Fijar objetivos psicológicos y elaborar estrategias adecuadas tiene mucha influencia no sólo en el rendimiento puntual, si no en la regularidad en el rendimiento tanto en entrenamientos como en competiciones.
h.    Procedimentales: Esto tiene que ver con la disciplina, los hábitos y la manera de hacer las cosas, tanto dentro como fuera del entrenamiento. En mi opinión, los objetivos procedimentales son los que un entrenador debe exigir con más énfasis. Primero porque el beneficio a corto y sobre todo largo plazo está garantizado si se trabaja de manera correcta, y segundo porque el atleta es absoluto responsable de cumplirlo y no hay factores aparte de él mismo que puedan impedirle actuar bien.
i.      Actitudinales: Ilusión, entusiasmo, optimismo, ganas, energía, alegría… No se puede dedicar una vida al entrenamiento si no se acude cada día al entrenamiento con una actitud positiva. Una buena actitud siempre es sinónimo de mejor. Y esto también se entrena.
2.     Análisis de las demandas de la prueba:
a.    Físicas:
                                              i.     Demandas energéticas. Será determinante conocer la duración y la intensidad a la que se disputa la prueba para conocer las vías energéticas requeridas. El desarrollo de estas vías energéticas predominantes formarán parte del entrenamiento específico.
                                            ii.     Capacidades físicas. Aparte de las vías energéticas, es imprescindible el conocimiento de las capacidades físicas determinantes en nuestra prueba. Por ejemplo, en una prueba de 100m.l., no sólo es determinante la velocidad, si no que la fuerza explosiva tiene un gran peso en la salida, lo que significa aproximadamente un 10% de la prueba. O en pruebas de resistencia, la velocidad también puede ser determinante ya que muchas se terminan decidiendo en la última recta.
b.    Técnicas
                                              i.     Modelo técnico: El estudio del modelo técnico será fundamental, y la capacidad que tengamos de aproximar el gesto de nuestro atleta a ese modelo, respetando siempre sus propias particularidades, marcará la diferencia en la mayoría de pruebas del atletismo.
c.     Tácticas: una misma prueba se prepara básicamente igual, pero hay pequeños detalles que hay que orientar en función de si es una prueba a marca, un campeonato regional o uno mundial.
                                              i.     Reglamento. El reglamento determina el contexto de la prueba. En los concursos, el número de intentos limitará las posibilidades de realizar una marca, por lo que no sólo hay que saltar o lanzar mucho, si no que hay que hacerlo en menos de X intentos. En las carreras, las rondas clasificatorias o los puestos que dan acceso a las finales también condicionan la táctica de carrera e incluso algunos de los aspectos del entrenamiento.
                                            ii.     Condiciones ambientales. No es extraño ver a atletas rendir por debajo de su estado de forma en determinadas competiciones, con el argumento de las condiciones climáticas. La previsión y adaptación a las condiciones de calor, humedad, viento, altitud u horarios pueden auparnos a los puestos más altos o echar por tierra meses de preparación. No sirve estar en un fabuloso estado de forma, hay que rendir el día D, a la hora H, con las condiciones X, que además son las mismas para todos los participantes.
                                          iii.     Particularidades de la prueba. Normalmente las variantes entre pruebas de la misma disciplina se dan en carreras de ruta y campo a través, por el hecho de tener un distinto relieve o superficie.
                                            iv.     Nivel del la prueba. Evidentemente, no es lo mismo preparar un campeonato regional, que un meeting a carrera única, que un mundial con 3 rondas eliminatorias. Hay que prever y hacerse una idea aproximada de las marcas en que se suele correr, buscando un historial de resultados y analizando los vídeos de ediciones anteriores. Las tácticas de competición variarán, y no es lo mismo entrenar para correr 800m en 1:45 que para correr 400 a 54” + 400 a 51”.
                                              v.     Rivales. Un estudio de las características y estado de forma de los rivales ayuda a prever el tipo de competición que nos podemos encontrar, y saber a qué rivales tenemos que prestar más atención, cuáles están por encima, por debajo y a nuestro nivel.
3.     Análisis de las características del atleta:
a.    Historial deportivo: Debemos conocer de dónde viene nuestro atleta, su rendimiento anterior a nuestro trabajo para conocer su capacidad, su progresión y su potencial. Sobre todo habría que examinar los siguientes puntos:
                                              i.     Años de práctica deportiva. Desde cuándo practica atletismo, otros deportes que ha practicado, etc.
                                            ii.     Marcas. Mejores marcas y evolución de los registros en los distintos años de entrenamiento.
                                          iii.     Resultados en competiciones. Competiciones en las que ha participado y puestos.
                                            iv.     Entrenamiento previo. Conocer (de manera aproximada) las cargas de entrenamiento que realizaba, días a la semana de práctica, algo acerca del sistema de entrenamiento anterior, etc.
b.    Historial Médico: Conocerlo nos permite detectar debilidades y carencias a nivel médico para poder realizar un trabajo preventivo, garantizar un correcto estado de salud y entrenar con total seguridad.
                                              i.     Enfermedades. Cualquier enfermedad grave que haya sufrido, o enfermedades recurrentes que puedan afectar al rendimiento y la salud del atleta. Además, averiguar cómo modelar el entrenamiento en caso de que se repitan.
                                            ii.     Lesiones. Tener un listado de las lesiones más importantes y más frecuentes. Esto nos dará una idea sobre los grupos musculares que debemos incidir en la preparación, y los ejercicios contraindicados para estos problemas.
                                          iii.     Analíticas: Nunca está de más poder ver su perfil sanguíneo para comparar los niveles en posteriores análisis.
c.     Motivaciones y aspiraciones deportivas. En este punto averiguaremos el por qué de las cosas
                                              i.     Motivos por los que practica atletismo. Conocer qué le aporta el atletismo a su vida para orientar el trabajo de forma que llene ese espacio con experiencias gratificantes.
                                            ii.     Objetivos deportivos a corto, medio y largo plazo. Saber qué es lo que quiere conseguir, hasta dónde quiere llegar en el deporte. De esta manera podremos definir el grado de compromiso necesario para alcanzar estos objetivos, tanto por parte del entrenador como del atleta.
                                          iii.     Grado de compromiso con el deporte y con el entrenador. Hay que establecer un compromiso coherente con los objetivos, de esta manera podremos exigir más o menos a nuestro atleta en función de su implicación.
d.    Entorno, estilo de vida, actividades paralelas. Entender estos aspectos del atleta nos permitirá enmarcar nuestro trabajo dentro de su proyecto vital, y hacerlo coherente con su propia filosofía de vida.
                                              i.     Entorno social. Aunque estos aspectos parecen irrelevantes, conocer bien a tu atleta (sin entrometerse en su vida privada) también puede tener su reflejo en la manera de trabajar con él. Saber si vive con su familia, con amigos, si le gusta salir o si es más bien “casero”, etc.
                                            ii.     Estilo de vida. Los hábitos de vida, sus rutinas, la alimentación, el descanso, aficiones, etc… son imprescindibles para valorar si es compatible o no con un cierto nivel de entrenamiento. Además, como entrenadores, al conocer sus puntos flacos tenemos la obligación de orientarle hacia un estilo de vida saludable.
                                          iii.     Actividades paralelas. Es muy importante saber si estudia, trabaja o realiza algún otro tipo de actividad paralela al atletismo. Además cuántas horas le dedica y qué grado de esfuerzo le supone, ya que tendremos que adaptar el plan para encontrar ese punto de equilibrio entre esfuerzo/descanso teniendo en cuenta dichas actividades.
e.    Fortalezas y debilidades del deportista
                                              i.     Fortalezas y debilidades en el plano físico/técnico: Con esta información podremos “dibujar” su perfil fisiológico y técnico. Es el punto de partida para determinar las cargas de entrenamiento.
1.     Niveles aeróbicos. Si dispone de pruebas de  esfuerzo podremos observar cuáles son sus parámetros y umbrales, y trabajar con estas referencias.
2.     Niveles de fuerza. Conocer mediante test, observación, o simplemente por sensaciones del atleta, cuál es el tipo de fuerza que más ha desarrollado: máxima, explosiva, reactiva…
3.     Técnica. Un análisis de la técnica para determinar el punto de partida y poder crear un programa para corregirla o consolidarla.
4.     Velocidad. Normalmente este factor es una relación directa entre el tipo de fuerza predominante y la técnica, pero no está de más saber cuán rápido es un atleta.
5.     Flexibilidad y ROM  (rangos de movimiento articulares). Nos permitirá conocer algunas limitaciones articulares para adecuar determinados ejercicios a estos límites.
                                              i.     Fortalezas y debilidades en el plano psicológico: Quizá uno de los aspectos más abandonados todavía hoy en día, pero que en mi opinión pueden marcar más diferencias si se trabaja adecuadamente. Los atletas fallan más por una inadecuada preparación mental que por un estado de forma deficiente.
1.     Entrenamiento. Es necesario conocer qué tipo de entrenamientos le resultan más difíciles de afrontar, cuáles son sus miedos y preocupaciones, qué le estimula a entrenar, a sacrificarse, qué circunstancias de su vida le afectan y cómo. Así sabremos qué tipo de mensajes debemos lanzarle, a qué aspectos debemos darle más importancia y a cuáles quitarle hierro para no generarles presión, malestar, etc. Tenemos que diseñar los entrenamiento de manera que le obliguen a afrontar cada vez retos más importantes, pero sin llegar al punto de que sienta rechazo o aversión a un tipo de entrenamientos.
2.     Competición. Cómo afronta las competiciones, grado de activación, de nervios, si hay alguna circunstancia que le bloquea al competir. El estado de forma cuenta poco cuando no hay detrás una actitud y una mente preparada para sacar el 100% el día D a la hora H. Trabajo de relajación, concentración, visualización y motivación, serán fundamentales.
4.     Periodos de entrenamiento: Debemos ordenar y definir en cada periodo el énfasis mayor o menor en una u otras capacidades, y la forma (tanto volumen, intensidad y especificidad) en la que las vamos a trabajar.
a.    Periodo Básico: Ampliar y desarrollar los aspectos fundamentales de la preparación del deportista y crear una sólida base de preparación que facilite el entrenamiento de niveles superiores.
b.    Periodo Específico: Abarca el desarrollo de las capacidades específicas del deportista, con el fin de transferir el potencial básico adquirido a las condiciones específicas del rendimiento.
c.     Periodo Competitivo: Pretende el desarrollo de las condiciones competitivas de la especialidad e integrar el desarrollo de las capacidades específicas en el rendimiento competitivo.
5.     Evaluaciones: es fundamental para comprobar el correcto desarrollo del programa y para realizar los posteriores ajuste que resulten pertinentes. Las formas ideales son:
a.    La competición: Es la forma de evaluar más directa y específica. Mediante las competiciones secundarias podemos evaluar con la mayor precisión el estado del atleta, sus carencias y sus fortalezas a través de parámetros objetivos como tiempos y distintas mediciones, imágenes o las propias sensaciones del deportista.
b.    En entrenamiento diario: A poco observador que uno sea, mediante la información que proporciona el entrenamiento diario se puede aproximar con bastante precisión el estado actual del atleta, y si va cumpliendo con las previsiones establecidas.
c.     Los test: Los test son otra manera de comprobar la evolución de determinadas capacidades o habilidades. Hay que ser cuidadoso con la realización de test, ya que en muchas ocasiones suponen la pérdida de entrenamientos debido a que hay que realizarlos en condiciones de baja fatiga para que sean válidos. Además, suponen un estrés añadido al atleta. Hay que seleccionar muy bien los test para que sean muy específicos, que lo que queremos medir tenga una alta correlación con el rendimiento competitivo del atleta, que la información que nos proporcionen sea útil y práctica para los posteriores entrenamientos y que esta información no pueda ser obtenida por medios menos “invasivos”.

6.     Ajustes: el ajuste continuo en función de toda la información que obtenemos del entrenamiento es lo que va a determinar el éxito del programa, y el grado en el que saquemos todo el potencial del atleta.

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