1.
Definir objetivos.
a. Primarios competitivos.
b. Secundarios competitivos.
c. Parciales.
d. Físicos: La mejora de determinadas capacidades, aunque no
sean las determinantes en nuestra prueba, nos pueda aportar grandes beneficios.
e. Técnicos: El gesto técnico correcto no sólo es el más
eficiente, si no el más seguro. Respetando siempre las particularidades de cada
atleta, es bueno trabajar la técnica hacia un gesto modélico. De esta manera no
solo se gana en rendimiento, si no que disminuimos el riesgo de lesión.
f. Tácticos.
g. Psicológicos: Muchos atletas con talento tienen en este aspecto
su Talón de Aquiles. Fijar objetivos psicológicos y elaborar estrategias
adecuadas tiene mucha influencia no sólo en el rendimiento puntual, si no en la
regularidad en el rendimiento tanto en entrenamientos como en competiciones.
h. Procedimentales: Esto tiene que ver con la disciplina, los hábitos
y la manera de hacer las cosas, tanto dentro como fuera del entrenamiento. En
mi opinión, los objetivos procedimentales son los que un entrenador debe exigir
con más énfasis. Primero porque el beneficio a corto y sobre todo largo plazo
está garantizado si se trabaja de manera correcta, y segundo porque el atleta
es absoluto responsable de cumplirlo y no hay factores aparte de él mismo que
puedan impedirle actuar bien.
i. Actitudinales: Ilusión, entusiasmo, optimismo, ganas, energía,
alegría… No se puede dedicar una vida al entrenamiento si no se acude cada día
al entrenamiento con una actitud positiva. Una buena actitud siempre es
sinónimo de mejor. Y esto también se entrena.
2.
Análisis de las demandas de la
prueba:
a. Físicas:
i. Demandas
energéticas. Será determinante conocer la duración y la intensidad a la que se
disputa la prueba para conocer las vías energéticas requeridas. El desarrollo
de estas vías energéticas predominantes formarán parte del entrenamiento
específico.
ii. Capacidades
físicas. Aparte de las vías energéticas, es imprescindible el conocimiento de
las capacidades físicas determinantes en nuestra prueba. Por ejemplo, en una
prueba de 100m.l., no sólo es determinante la velocidad, si no que la fuerza
explosiva tiene un gran peso en la salida, lo que significa aproximadamente un
10% de la prueba. O en pruebas de resistencia, la velocidad también puede ser
determinante ya que muchas se terminan decidiendo en la última recta.
b.
Técnicas
i. Modelo técnico:
El estudio del modelo técnico será fundamental, y la capacidad que tengamos de
aproximar el gesto de nuestro atleta a ese modelo, respetando siempre sus
propias particularidades, marcará la diferencia en la mayoría de pruebas del
atletismo.
c.
Tácticas: una misma
prueba se prepara básicamente igual, pero hay pequeños detalles que hay que
orientar en función de si es una prueba a marca, un campeonato regional o uno
mundial.
i. Reglamento. El
reglamento determina el contexto de la prueba. En los concursos, el número de
intentos limitará las posibilidades de realizar una marca, por lo que no sólo
hay que saltar o lanzar mucho, si no que hay que hacerlo en menos de X
intentos. En las carreras, las rondas clasificatorias o los puestos que dan
acceso a las finales también condicionan la táctica de carrera e incluso
algunos de los aspectos del entrenamiento.
ii. Condiciones
ambientales. No es extraño ver a atletas rendir por debajo de su estado de
forma en determinadas competiciones, con el argumento de las condiciones
climáticas. La previsión y adaptación a las condiciones de calor, humedad,
viento, altitud u horarios pueden auparnos a los puestos más altos o echar por
tierra meses de preparación. No sirve estar en un fabuloso estado de forma, hay
que rendir el día D, a la hora H, con las condiciones X, que además son las
mismas para todos los participantes.
iii. Particularidades
de la prueba. Normalmente las variantes entre pruebas de la misma disciplina se
dan en carreras de ruta y campo a través, por el hecho de tener un distinto
relieve o superficie.
iv. Nivel del la
prueba. Evidentemente, no es lo mismo preparar un campeonato regional, que un
meeting a carrera única, que un mundial con 3 rondas eliminatorias. Hay que
prever y hacerse una idea aproximada de las marcas en que se suele correr,
buscando un historial de resultados y analizando los vídeos de ediciones
anteriores. Las tácticas de competición variarán, y no es lo mismo entrenar
para correr 800m en 1:45 que para correr 400 a 54” + 400 a 51”.
v. Rivales. Un
estudio de las características y estado de forma de los rivales ayuda a prever
el tipo de competición que nos podemos encontrar, y saber a qué rivales tenemos
que prestar más atención, cuáles están por encima, por debajo y a nuestro
nivel.
3.
Análisis de las
características del atleta:
a.
Historial deportivo: Debemos
conocer de dónde viene nuestro atleta, su rendimiento anterior a nuestro
trabajo para conocer su capacidad, su progresión y su potencial. Sobre todo
habría que examinar los siguientes puntos:
i. Años de práctica
deportiva. Desde cuándo practica atletismo, otros deportes que ha practicado,
etc.
ii. Marcas. Mejores
marcas y evolución de los registros en los distintos años de entrenamiento.
iii. Resultados en
competiciones. Competiciones en las que ha participado y puestos.
iv. Entrenamiento
previo. Conocer (de manera aproximada) las cargas de entrenamiento que
realizaba, días a la semana de práctica, algo acerca del sistema de
entrenamiento anterior, etc.
b.
Historial Médico: Conocerlo
nos permite detectar debilidades y carencias a nivel médico para poder realizar
un trabajo preventivo, garantizar un correcto estado de salud y entrenar con
total seguridad.
i. Enfermedades. Cualquier
enfermedad grave que haya sufrido, o enfermedades recurrentes que puedan
afectar al rendimiento y la salud del atleta. Además, averiguar cómo modelar el
entrenamiento en caso de que se repitan.
ii. Lesiones. Tener
un listado de las lesiones más importantes y más frecuentes. Esto nos dará una
idea sobre los grupos musculares que debemos incidir en la preparación, y los
ejercicios contraindicados para estos problemas.
iii. Analíticas:
Nunca está de más poder ver su perfil sanguíneo para comparar los niveles en
posteriores análisis.
c.
Motivaciones y
aspiraciones deportivas. En este punto averiguaremos el por qué de las
cosas
i. Motivos por los
que practica atletismo. Conocer qué le aporta el atletismo a su vida para
orientar el trabajo de forma que llene ese espacio con experiencias
gratificantes.
ii. Objetivos
deportivos a corto, medio y largo plazo. Saber qué es lo que quiere conseguir,
hasta dónde quiere llegar en el deporte. De esta manera podremos definir el
grado de compromiso necesario para alcanzar estos objetivos, tanto por parte
del entrenador como del atleta.
iii. Grado de
compromiso con el deporte y con el entrenador. Hay que establecer un compromiso
coherente con los objetivos, de esta manera podremos exigir más o menos a
nuestro atleta en función de su implicación.
d.
Entorno, estilo de
vida, actividades paralelas. Entender estos aspectos del atleta nos permitirá
enmarcar nuestro trabajo dentro de su proyecto vital, y hacerlo coherente con
su propia filosofía de vida.
i. Entorno social.
Aunque estos aspectos parecen irrelevantes, conocer bien a tu atleta (sin
entrometerse en su vida privada) también puede tener su reflejo en la manera de
trabajar con él. Saber si vive con su familia, con amigos, si le gusta salir o
si es más bien “casero”, etc.
ii. Estilo de vida.
Los hábitos de vida, sus rutinas, la alimentación, el descanso, aficiones, etc…
son imprescindibles para valorar si es compatible o no con un cierto nivel de
entrenamiento. Además, como entrenadores, al conocer sus puntos flacos tenemos
la obligación de orientarle hacia un estilo de vida saludable.
iii. Actividades
paralelas. Es muy importante saber si estudia, trabaja o realiza algún otro
tipo de actividad paralela al atletismo. Además cuántas horas le dedica y qué
grado de esfuerzo le supone, ya que tendremos que adaptar el plan para
encontrar ese punto de equilibrio entre esfuerzo/descanso teniendo en cuenta
dichas actividades.
e. Fortalezas y debilidades del deportista
i. Fortalezas y debilidades en el plano físico/técnico: Con esta
información podremos “dibujar” su perfil fisiológico y técnico. Es el punto de
partida para determinar las cargas de entrenamiento.
1.
Niveles aeróbicos. Si dispone de pruebas de
esfuerzo podremos observar cuáles son sus parámetros y umbrales, y
trabajar con estas referencias.
2.
Niveles de fuerza. Conocer mediante test,
observación, o simplemente por sensaciones del atleta, cuál es el tipo de
fuerza que más ha desarrollado: máxima, explosiva, reactiva…
3.
Técnica. Un análisis de la técnica para
determinar el punto de partida y poder crear un programa para corregirla o
consolidarla.
4.
Velocidad. Normalmente este factor es una
relación directa entre el tipo de fuerza predominante y la técnica,
pero no está de más saber cuán rápido es un atleta.
5.
Flexibilidad y ROM (rangos de movimiento
articulares). Nos permitirá
conocer algunas limitaciones articulares para adecuar determinados ejercicios a
estos límites.
i. Fortalezas y debilidades en el plano psicológico: Quizá uno de los
aspectos más abandonados todavía hoy en día, pero que en mi opinión pueden
marcar más diferencias si se trabaja adecuadamente. Los atletas fallan más por
una inadecuada preparación mental que por un estado de forma deficiente.
1.
Entrenamiento. Es necesario conocer qué tipo de
entrenamientos le resultan más difíciles de afrontar, cuáles son sus miedos y
preocupaciones, qué le estimula a entrenar, a sacrificarse, qué circunstancias
de su vida le afectan y cómo. Así sabremos qué tipo de mensajes debemos
lanzarle, a qué aspectos debemos darle más importancia y a cuáles quitarle
hierro para no generarles presión, malestar, etc. Tenemos que diseñar los
entrenamiento de manera que le obliguen a afrontar cada vez retos más
importantes, pero sin llegar al punto de que sienta rechazo o aversión a un
tipo de entrenamientos.
2. Competición.
Cómo afronta las competiciones, grado de activación, de nervios, si hay alguna
circunstancia que le bloquea al competir. El estado de forma cuenta poco cuando
no hay detrás una actitud y una mente preparada para sacar el 100% el día D a
la hora H. Trabajo de relajación, concentración, visualización y motivación,
serán fundamentales.
4.
Periodos de entrenamiento: Debemos ordenar y
definir en cada periodo el énfasis mayor o menor en una u otras capacidades, y
la forma (tanto volumen, intensidad y especificidad) en la que las vamos a
trabajar.
a.
Periodo Básico: Ampliar y
desarrollar los aspectos fundamentales de la preparación del deportista y crear
una sólida base de preparación que facilite el entrenamiento de niveles
superiores.
b.
Periodo Específico: Abarca el
desarrollo de las capacidades específicas del deportista, con el fin de
transferir el potencial básico adquirido a las condiciones específicas del
rendimiento.
c. Periodo Competitivo: Pretende el desarrollo de las condiciones
competitivas de la especialidad e integrar el desarrollo de las capacidades
específicas en el rendimiento competitivo.
5.
Evaluaciones: es fundamental
para comprobar el correcto desarrollo del programa y para realizar los
posteriores ajuste que resulten pertinentes. Las formas ideales son:
a.
La competición: Es la forma de
evaluar más directa y específica. Mediante las competiciones secundarias
podemos evaluar con la mayor precisión el estado del atleta, sus carencias y
sus fortalezas a través de parámetros objetivos como tiempos y distintas
mediciones, imágenes o las propias sensaciones del deportista.
b.
En entrenamiento diario: A poco
observador que uno sea, mediante la información que proporciona el
entrenamiento diario se puede aproximar con bastante precisión el estado actual
del atleta, y si va cumpliendo con las previsiones establecidas.
c. Los test: Los test son otra manera de comprobar la evolución de
determinadas capacidades o habilidades. Hay que ser cuidadoso con la
realización de test, ya que en muchas ocasiones suponen la pérdida de
entrenamientos debido a que hay que realizarlos en condiciones de baja fatiga
para que sean válidos. Además, suponen un estrés añadido al atleta. Hay que
seleccionar muy bien los test para que sean muy específicos, que lo que
queremos medir tenga una alta correlación con el rendimiento competitivo del
atleta, que la información que nos proporcionen sea útil y práctica para los
posteriores entrenamientos y que esta información no pueda ser obtenida por
medios menos “invasivos”.
6.
Ajustes: el ajuste continuo
en función de toda la información que obtenemos del entrenamiento es lo que va
a determinar el éxito del programa, y el grado en el que saquemos todo el
potencial del atleta.
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